SiembraViva

¿De dónde viene tu comida?

Por Kirsten Williams y Gioel Gioacchino, Recrear International – una red de investigadores y cuenteros creativos

 

La Finca de Don Félix

 

A las 6:30 de la mañana nos zambullimos por las interminables filas a causa del tráfico, inhalando nubes de humo gris. Y en menos de una hora, ya nos encontramos rodeados de un hermoso paisaje. Al llegar a la finca de Don Félix, inmediatamente percibimos ese agradable olor a tierra mojada, a menta fresca que nos hace sentir un cosquilleo interno y el olor profundo del ajo, que nos recuerda que ya estamos a kilómetros de distancia de la contaminación metropolitana. ¿Será que también podemos oler las mariposas?

 

Entre los sonidos que ambientan la finca de Don Félix, podemos percibir las rocas que se mueven debido a la fuerza del agua, muchos pájaros charlatanes y hojas que son acariciadas por el aire. Don Félix nos da la bienvenida. Lleva su gorro de pesca verde, una camisa roja, pantalones grises y botas de goma desgastadas por la tierra. A su lado, se encuentra su querida compañera Tribilín – una gata cariñosa que saca infinita ternura de Don Félix-, la cual tenemos el placer de conocer.

 

Félix y Tribilín

 

¡Listos para un tour!, surgiendo la inquietud:¿De dónde vienen nuestros productos SiembraViva?

 

Así pues, la finca de Don Félix está dividida en pequeñas parcelas de tierra. En este lugar, él nos hace el recorrido metro a metro, mostrándonos los diferentes cultivos que posee: apio, col, ajo, lechuga, espinaca, pepino, berenjena…

 

A medida que avanzamos, Don Félix rocía en el camino anécdotas que nos hacen entender cuál es el valor esencial de los productos que se cultivan, no sólo a nivel alimenticio, sino también medicinal.

 

Por ejemplo, sabían que las hojas de las zanahorias son sabrosas, más deliciosas que el perejil? Masticamos una y quedamos convencidos. El problema, dice Don Félix, es que se marchitan rápidamente al momento de sacar las zanahorias de la tierra, de tal forma que no llegan frescas al consumidor.

 

En nuestro tour descubrimos el yacón, un vegetal dulce que se parece a una papa enorme. Don Félix lo corta con su cuchillo para que lo probemos. Degustamos algunos trozos y pensamos en voz alta – “¿cómo saber cuándo está listo el vegetal, si se encuentra bajo tierra?” Él señala una flor amarilla en la planta, afirmando sencillamente que “cuando florece, sabes”, pues cada planta tiene su personalidad. Don Félix se porta como un padre cariñoso, intentando comprender qué es lo que necesita cada una de sus hijas.

 

Durante el recorrido, empezamos a reconstruir la historia de Don Félix. Su padre compró esta tierra hace muchos años, siendo evidente que Don Félix pertenece a la tierra y no al revés. Él ha cuidado de este lugar desde que es un niño, pudiendo apreciar al lado de su padre lo que es el trabajo duro y digno. No obstante, cuando llega a la adolescencia decide emprender vuelo, compra un camión y durante los siguientes 5 años se dedica a trabajar con su nueva adquisición, sin retornar a casa.

 

Al llegar a casa, observa que la finca está descuidada y decide tomar las riendas del hogar, asumiendo su papel de líder con mucha responsabilidad. Su padre falleció mientras él se encontraba lejos de casa y con tan solo 17 años de edad. Desde entonces, Don Félix y sus cuatro hermanos cuidan la tierra y cosechan productos de ella.

 

Las huertas de Don Félix y su hermano Uriel

 

Por muchos años, Don Félix tuvo que madrugar para conducir su camioneta Ford hasta la mayorista y así poder vender sus productos. Cada vez, llegar a tiempo era un esfuerzo. Pero aún la puntualidad no le podía asegurar nada a Don Félix, ya que los precios dentro del mercado son tan inestables. Igualmente, nos comenta sobre el infinito círculo vicioso que existe entre los agricultores y el mercado. Manifestando que “¡Cuando el cilantro es caro, todos los productores se apuran a cosechar, así que los precios terminan cayendo de nuevo!”. Este entorno de alto riesgo no le generó confianza para diversificar sus cultivos.

 

Después de toda una vida de trabajo y con 60 años, Don Félix empezó una relación con SiembraViva, mejorando su producción a una más orgánica – él se considera todo un aficionado de esta nueva aventura que emprendió hace dos años y medio.

 

La misma camioneta Ford que tiempo atrás llevó sus productos a Medellín, hoy se encuentra abandonada. Ahora es un gigante dormido debajo de un garaje improvisado y frondoso. Don Félix nos explica que por primera vez en su vida, puede dedicarse plenamente al cuidado de su querida huerta puesto que SiembraViva se encarga del resto. No importa lo que traiga el mercado, la compra de sus productos está garantizada, a precios estables. Para él, no existe alivio más grande.

 

La transición a lo orgánico no fue fácil, comenta don Félix. No obstante, SiembraViva desde un comienzo lo acompañó en cada paso del camino, fue un compromiso a sumergirse en la revolución saludable y que ahora es palpable. Don Félix se siente un miembro valorado de la comunidad SiembraViva.

 

Por medio de SiembraViva, don Félix recibe visitas técnicas regularmente, comparte sus desafíos en el cultivo, y obtiene a cambio consejos prácticos. Con este apoyo, él aprendió cómo crear su propio abono orgánico, utilizandolo como fertilizante. Lo que ha notado, es un cambio significativo en el sabor y aspecto de sus productos. Además, SiembraViva le provee las semillas y los insumos, para que don Félix pueda sembrar en su huerta, con la confianza de que está cosechando algo bueno para la tierra.

 

Pero el acompañamiento no termina ahí. Entre don Félix y SiembraViva hay un intercambio muy orgánico de conocimiento. Él, a sus 60 años, sigue siendo un estudiante de la vida muy curioso. De hecho, nos deja con la sensación de que estará en la escuela de cultivo para siempre.

 

Conversando con Ana Sofía -una persona del equipo de SiembraViva-, a don Félix también le interesa lo que ella tiene por decir. Es evidente que le encantan las plantas y que brota de ella una pasión por la comida orgánica y local. Ana Sofía le cuenta a don Félix como las hojas de tabaco tienen muchos usos naturales, los cuales son desconocidos por la mayoría de la gente. Por ejemplo, cuando se secan y hierven, se transforman en un tratamiento natural para la congestión. Al comentar esto, los ojos de don Félix se ensanchan con interés y apreciación. Más allá de todo el conocimiento que posee don Félix, no podría ser más humilde sobre lo que no conoce.

 

De la huerta con amor

 

Estamos completamente asombrados de toda la sabiduría que posee don Félix, pero estamos aún más cautivadas por su postura. Quien tiene manos duras, producto de una vida de trabajo con la tierra. Le preguntamos qué piensa cuando está trabajando, a lo que él responde: “Pienso en las plantas, les deseo lo mejor y les doy amor.” Don Félix nos habla de intención, las cosas son muy sencillas para él: “sin amor, las plantas no pueden crecer.” En esencia, el trabajo de don Félix es mucho más que ganarse la vida, es un sincero acto de cuidado.

 

Cuando llegamos a la parte alta de la lomita, admirando toda la finca desde lo alto, le preguntamos a Don Félix ¿qué significaba para él ser productor? Nos contesta: “Orgullo”. Ya lo sospechábamos por la forma en que nos guió por su mundo.

 

Siguiendo con la pregunta de ¿qué quiere que los consumidores sepan de su trabajo?, él exclama que: “Con químicos el cultivo es más seguro pero el sabor… es otra historia. Comparen los productos producidos con químicos y los que crecen orgánicamente. Prueben la diferencia.”

 

En conclusión, respondiendo a la pregunta de ¿dónde viene tu comida?; en lo que respecta a don Félix viene de su cariño y cuidado, de su orgullo y de sus ganas de aprender continuamente.

 

Así que, cuando prepares tu próximo plato, siente que estás degustando todo eso.

 

Orgullo